"Taladran mis manos, se sortean mi tunica y me hunden en el polvo de la muerte.
Pero Tú, Señor, no me abandones, Tú que eres mi fuerza ven pronto a socorrerme.
No te quedes lejos, me acecha el enemigo, salva mi vida del abismo."
Salmo 21: Dios mio, dios mio.
viernes, 2 de abril de 2010
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